domingo, 20 de mayo de 2007

De nuevo en un gimnasio...


No sé cuántos de los que leen estas líneas habrán estado en uno de esos sitios llenos de gente sudorosa haciendo movimientos raros y personas con músculos sobredimensionados. Yo ya había estado en uno hace unos años y he vuelto a inscribirme en otro hace una semana. El hecho de salir de mi trabajo con más sueño que otra cosa y en lugar de dirigirme directamente hacia mi casa y por ende, hacia mi cama; e irme a uno de estos lugares se me antoja masoquista, pero ahí estoy yo haciéndolo.

Las razones por las que las personas van a estos sitios varían, y cada persona va por una o varias razones diferentes. En mi caso, tengo bien claros los motivos que me impulsaron a volver a un gimnasio: quitarme el estrés de la agobiante rutina del trabajo con sus problemas no buscados pero siempre presentes, el sentirme bien conmigo mismo, más allá del hecho de mejorar físicamente mi aspecto, el sentirme vivo exigiendo mi cuerpo y, por ahí, conocer gente interesante. Necesitaba un lugar a donde poder ir y desfogarme de toda la tensión sin que nadie me moleste.

De todas las razones que mencioné, la primera la logré desde el primer momento, la segunda la estoy obteniendo, y de la tercera, prefiero no hacer mayor comentario.

Recomiendo a todos aquellos que quieran alejar su mente de los problemas cotidianos a seguir mi ejemplo, aunque todavía disfruto de salir a correr por la mañana por la ciclovía de Salaverry, o el Parque Castilla, oler la fragancia del grass por la mañana, la brisa semi pura que acaricia mi rostro, y la sensación de ser libre.

Empezando


Hoy es el cumpleaños de mi muy querida mamá. Y asi comienza este camino que no sé a dónde me llevará pero sé que no me aburrirá para nada recorrerlo, y creo que así es mejor, caminar hacia lo desconocido. Tal vez de vez en cuando me desvíe para admirar el paisaje o para explorar otros caminos, pero no me alejaré de este caminito polvoriento que se abre antes mis ojos y que va más allá de lo que mi pobre vista puede alcanzar. Los invito a acompañarme, espero que la conversación sea amena, y en todo caso el silencio no sea incómodo.

Oscar, 20 de mayo de 2007